Home > Sex, Lies & Feminism > Sexo, mentiras y feminismo > Capítulo 7: Mentiras sobre la violencia doméstica, un dilema sin salida para los hombres

The Black Ribbon Campaign

Empowering Men:

fighting feminist lies

Sexo, mentiras y feminismo

Capítulo 7: Mentiras sobre la violencia doméstica*, un dilema sin salida para los hombres

Autor de la obra original: Peter Zohrab

Traducción al castellano por: Gustavo Revilla Olave

Home Page Articles about Issues 1000 links
alt.mens-rights FAQ Sex, Lies & Feminism Quotations
Male-Friendly Lawyers, Psychologists & Paralegals Email us ! Site-map

 

Introducción

He aquí un interesante recorte del periódico:

“Un ataque de martillo devuelve el golpe: Una mujer fue trasladada al hospital la pasada noche tras sufrir una fuerte hemorragia en la cabeza después de atacar a su marido con un martillo,…informó la policía. Su marido se protegió con un cubo de basura y el martillo rebotó, golpeando a la mujer en la cabeza. No se presentarán cargos. –NZPA (New Zealand Press Association (Asociación de prensa de Nueva Zelanda)) 1.”

Esta información se encontraba impresa en letra muy fina y oculta en las páginas interiores del periódico. De haber sido un hombre quien hubiese recibido el daño como una consecuencia de atacar a su mujer, ¡hubiese merecido titulares en la primera página! Un artículo igualmente breve- procedente de la prensa asociada Australiana en el periódico de Wellington Dominion fechada el 29 de noviembre de 1999 afirmaba:

“Tijeras en la cabeza: Una disputa doméstica dejó a un hombre de Nueva Gales del Sur con unas tijeras introducidas un centímetro dentro de su cerebro. El hombre, de 24 años de edad, todavía consciente, fue traslado desde Bathurst a Sidney para ser operado.”

Lo que es sorprendente en este artículo es que no se menciona quien fue el perpetrador, lo que me corrobora cínicamente que debió de tratarse de una mujer. No se menciona que acción, si es que se realizó alguna, llevó a cabo la policía contra quien lo cometió. Si el perpetrador hubiese sido un hombre y la víctima una mujer, se habría escrito el artículo de un modo muy diferente, poniendo un especial énfasis tanto en la atrocidad del agresor como de la falta.

El Sidney Morning Herald de Australia tomaba el mismo posicionamiento respecto a la historia ese mismo día. Parece claro que los y las feministas con poder (como es el caso de los periodistas) abusan de su posición, arreglando la información y el acceso a la misma, de cualquier forma que convenga a sus intereses políticos. Esto suprime la información que muestre a las mujeres como ejecutoras y a los hombres como víctimas de la violencia doméstica, de esta manera la mayor parte del público es más fácil de manipular por la propaganda unilateral referida a este tema procedente de fuentes abiertamente feministas. Esto incluye manipular a los legisladores, la policía, a los jueces y a los jurados. ¡Solo en esta coyuntura tiene algún sentido el que los EEUU tengan un “acta sobre violencia contra las mujeres” en sus libros de leyes!

*Nota del traductor: La utilización del término violencia doméstica por parte del autor contrasta con los términos que actualmente resultan más habituales en referencia al tema, términos impulsados por el feminismo y que se consideran una evolución en la descripción de este fenómeno, tales como violencia de género o violencia machista, muy extendidos en castellano e inglés con sus respectivas variantes gender violence y la menos frecuentemente usada en lengua anglosajona machista violence. Así podría pensarse que el término violencia doméstica resulta obsoleto frente a las alternativas mencionadas. Sin embargo existen importantes razones para mantener la voz violencia doméstica, a pesar de encontrarse en desuso en la actualidad. La primera es que por fecha el texto coincide con una época en la que el término violencia doméstica era frecuentemente usado en relación con este tema, anterior al momento en que el feminismo impulsó las variantes mencionadas más arriba. En segundo lugar y quizás el motivo más importante es el sentido claramente sexista con el que las feministas han desarrollado los conceptos de violencia de género o violencia machista, los cuales sólo aparentemente tratan de hacer referencia al fenómeno de la violencia doméstica. Para el feminismo la violencia de género y machista solo puede ser ejercida sobre las mujeres por parte de los hombres, ya que según su teoría se basa en el esquema de opresión y dominación del hombre sobre la mujer heredado del modelo de sociedad patriarcal. Este punto de vista excluye de raíz la consideración del hombre como posible víctima de este tipo de violencia o la de la mujer como posible perpetradora tanto a nivel teórico como práctico, principalmente en las leyes desarrolladas a partir del feminismo de género. Así la neutralidad del término violencia doméstica contrasta con la clara tendenciosidad de las variantes violencia de género o violencia machista, y expresa de un modo mucho más acertado el deseo del autor de valorar en un sentido más objetivo e igualitario el impacto real de la violencia cometida y sufrida en el seno de la pareja por ambos sexos.

Como explico en otra parte (en el capítulo dedicado al complejo de los medios y la universidad), los medios de comunicación de masas están claramente orientados en contra de los hombres. Como en otro ejemplo, los medios mundiales (por ejemplo el periódico Dominion de Wellington el 15 de abril de 1999) informaron sobre como la célebre cantante Whitney Houston anunciaba públicamente que ella fue quien golpeó a su marido y no a la inversa. Según la información su marido fue arrestado por agredir a otras mujeres, pero no existía ninguna sugerencia de terceras partes para que Whitney Houston fuese arrestada por agresión-¡al fin y al cabo es una mujer!

Las estadísticas objetivas muestran como los hombres y las mujeres se golpean entre sí en proporciones casi similares. Ver la bibliografía extensa anotada por Fiebert en: www.csulb.edu/~mfiebert/assault.htm -- salvo que las mujeres están empezando a golpear a los hombres más a menudo que a la inversa, ¡porque ahora saben casi con completa seguridad que la policía no va a arrestarlas por ello!

En la página 237 del manual de violencia familiar, editado por Vincent B. Van Hasselt (Plenum, 1998), Steinmetz y Lucca informaron de que los hombres eran golpeados por sus esposas en un margen de 1.47:1.0. Similarmente, el Semanario Guardian, en febrero de 1999, informaba sobre un estudio del British Home Office que mostraba que “los hombres…tienen las mismas probabilidades que las mujeres de ser atacados por sus parejas” Y, en un estudio Neozelandes, (Moffitt, T., A. Caspi, and P. Silva (1996): "Findings about Partner Violence: from the Dunedin Multidisciplinary Health and Development Study" (MS) (Hallazgos sobre la violencia en la pareja: desde la salud multidisciplinaria de Dunedin y el estudio del desarrollo.)” se encontró a su vez que los hombres y las mujeres se atacaban con una frecuencia casi idéntica en el hogar.

Cuando los periodistas hablan acerca de los prejuicios en los medios, suelen desviar nuestra atención hacía la tendenciosidad política de los propietarios de los medios. Los periodistas muy raramente critican sus propias tendenciosidades. Los propietarios de los medios, sin embargo, están frecuentemente más interesados en hacer dinero antes que en impulsar una línea política concreta. Las editoriales y los artículos de cabecera pueden, en algunas ocasiones, tener un tono conservador, pero es la información selectiva y remarcada de las noticias antivarón (como sucede con el tema de la violencia doméstica) y la cobertura sesgada, utilizando la jerga feminista, ejercida por el tropel de periodistas lo que constituye la más influyente de las arbitrariedades informativas. Como no resulta tan obvio como el favoritismo en una editorial o artículo de cabecera podemos tener serias dificultades para filtrarlo o protegernos de ello.

En un informe sobre las audiencias al congreso de los EEUU sobre el Acta de Violencia Contra las Mujeres (VAWA Violence Against Women Act), representando a la coalición americana para los padres y los niños, Stuart Miller escribió:

“Posteriormente, los medios solo entrevistaron a los partidarios de las mujeres maltratadas y se negaron a aceptar cualquier estudio o comentario que no apoyase la necesidad de más dinero para el Acta de Violencia Contra las Mujeres… una periodista puso los ojos en blanco ante la idea de que cualquier hombre hubiese sido privado de sus hijos por falsas denuncias…y se burló de los hombres que habían sugerido “una proposición tan absurda””.

Aquí examinaremos estos temas con cierto detalle. Sommers (1994, página 10) señala:

“Durante las dos pasadas décadas,... El estudio de la violencia entre cónyuges se ha convertido en sinónimo del término “abuso contra la esposa”… La razón de esta confusión se debe a la atención casi exclusiva que se ha puesto en el estudio del abuso del marido sobre la esposa debido a la elevada visibilidad de las mujeres como víctimas de la violencia doméstica…

El movimiento de las casas de acogida a hecho posible para los investigadores el disponer de una base de historias a propósito, constituida por mujeres que estaban deseando presentar los testimonios del abuso que han soportado.”

La violencia doméstica es un arma dentro del arsenal feminista. El feminismo es actualmente una industria de autopreservación en el mundo occidental, y está intentando hacer uso de las Naciones Unidas y otras organizaciones, tales como World Vision, para establecerse a través de todo el mundo. Para este propósito, tienen necesidad de una permanente reserva de temas y problemas para que su ejército de investigadores, políticos, burócratas, periodistas y trabajadores sociales trabajen sobre ellos- frecuentemente pagados por el contribuyente. Estos temas y problemas tienen normalmente las siguientes características:

  1. Presentan a las mujeres -y posiblemente a los niños- en el rol de las víctimas;

  2. Presentan a los hombres en el rol de los malvados;

  3. Pueden ser utilizados para hacer que los hombres se sientan culpables y se pongan a la defensiva.

  4. Cualquier responsabilidad en la parte de las mujeres es atenuada o incluso ignorada.

La violación, el abuso sexual a menores y la violencia doméstica son tres ejemplos clásicos de esta clase de temática feminista. El esquema feminista sobre la violencia doméstica se centra en la figura del hombre como perpetrador y la de la mujer como víctima. Esto se sustenta en mitos creados por libros y películas como “Una vez fueron guerreros”, una película neozelandesa internacionalmente conocida basada en la novela escrita por un varón Maorí sobre la violencia en el seno de una familia Maorí en Nueva Zelanda. Las mujeres Maoríes de Nueva Zelanda han aceptado rápidamente esta ficción como un retrato de la realidad de la violencia doméstica en las familias Neozelandesas, y esto las ha inspirado con una manifiesta furia justiciera en contra de la gente como yo, que retrata una visión más equilibrada de la violencia doméstica. Algunas de estas mujeres han llegado incluso a rayarme el coche y limitar mi participación en el evento de Wellington “padres, familias y el futuro” en abril de 1999. Llegó incluso a suceder que una mujer, de un modo según todas las apariencias deliberado, envistió adrede mi coche (en la puerta del conductor) en una rotonda –viniendo a por mi desde el otro carril de la rotonda ¡a pesar de que yo la avisé con un par de segundos de antelación tocando el claxon cuando la vi llegar!

 

Mentiras sobre la violencia doméstica

Existen cinco principales mentiras sobre la violencia doméstica que las feministas, más que enunciar, generalmente dan por sentadas.

  1. Existe un síndrome llamado el “Síndrome de la mujer maltratada”;

  2. Los hombres cometen un grado de violencia doméstica muy superior al de las mujeres;

  3. Los hombres dan comienzo a la mayoría o la totalidad de los incidentes de violencia doméstica;

  4. Los hombres pueden causar más daño a las mujeres del que las mujeres pueden causar a los hombres y como consecuencia solo debería controlarse o castigarse a los hombres;

  5. Si un hombre ha sido acusado o condenado por violencia doméstica, este debería ser un motivo para restringirle el acceso a sus hijos en caso de separación o divorcio.

 

El síndrome de la mujer maltratada

El “Síndrome de la mujer maltratada” nació a partir del caso de Jennifer Patri en el 1977. Los síndromes son unos patrones nebulosos de síntomas o comportamientos tendentes por sí mismos a la manipulación política. El libro (la mujer maltratada de Lenore Walker, Nueva York: Harper Colophon Books, 1979), que en primer lugar popularizó y justificó el concepto, es basura científica. Esto puede comprobarse a partir del siguiente extracto de una entrevista realizada por Robert Sheaffer:

“Todos hemos oído hablar acerca del “Síndrome de la mujer maltratada” el cual comenzó a reconocerse a partir de este libro… el libro la mujer maltratada es insatisfactorio como un trabajo serio, y completamente inaceptable como un fundamento para el derecho de familia. En primer lugar, es profundamente acientífico. Sin una verificación objetiva de los incidentes que se describen en él, estos no son nada más que habladurías. Segundo, el libro ni tan siquiera pretende ser objetivo: el lado de las mujeres, y solo el lado de las mujeres, es presentado, cuando es innegable que en un elevado grado de ocasiones, la mujer inicia la violencia contra el hombre. Tercero, el libro de la profesora Walker que extiende la definición de “maltrato” hasta incluir el abuso verbal ni siquiera valora el tema del abuso verbal de la mujer contra el hombre. Cuarto, no existe razón de ninguna clase para creer que el ejemplo de mujer maltratada de la profesora Walker sea de ningún modo una muestra representativa e incluso si lo fuese, no presenta ninguna estadística que apoye sus conclusiones. Resumiendo, muchas de sus conclusiones no están apoyadas por ningún dato riguroso, y son pronunciadas ex cathedra.” 2

La profesora Walker (y la ínfima calidad de su trabajo demuestra lo muy falaz que el título “profesor” puede llegar a ser) mantenía que existía un “síndrome” por el cual una víctima femenina de violencia doméstica llegaba a ser psicológicamente incapaz de abandonar la relación. Esto puede ser verdadero o falso, pero su trabajo carente de valor académico realmente no llega a demostrarlo. Karen Horney había descrito previamente lo que podría denominarse el “síndrome de la mujer masoquista”, que podría ser considerado como una manera menos misándrica de describir el mismo fenómeno. Y sin ninguna duda es bastante posible para una persona-hombre o mujer- estar sujeta a repetidos abusos físicos y psicológicos dentro de una relación y aún así verse frenada a la hora de abandonar dicha relación por diferentes razones. Algunas de ellas podrían incluir.

  1. Temor a lo que su pareja podría hacer si se marchan;

  2. Preocupación respecto a los posibles efectos para los niños;

  3. Temor a la soledad;

  4. Preocupación respecto de las reacciones de familiares y amigos.

  5. Aversión a mostrar abiertamente sórdidos detalles privados ante el escrutinio de los demás.

Amontonar todo esto en un “síndrome” y denominarlo como “el síndrome de la mujer maltratada” es una forma eficiente de crear un palo con el que golpear a los hombres, pero debe de interpretarse como la artimaña política que es. Durante siglos los hombres han protestado a causa de las “esposas regañonas”, pero los hombres occidentales tienen prácticamente prohibido el criticar a las mujeres en público- de otro modo bien podría haber sucedido que también estuviésemos leyendo ahora sobre “el síndrome del marido criticado”

Las escritoras feministas (por ejemplo, Leibrich et al. 1995, Ferraro 1979, y Walker 1984) señalan a menudo que las mujeres encuentran el abuso psicológico mucho más difícil de soportar que el abuso físico. Un folleto oficial explica la prohibición legal contra cualquier tipo de violencia psicológica descrita como “A nadie se le permite usar la intimidación, las amenazas, o los juegos mentales para herir y controlar a otra persona” 3

En la valoración feminista sobre la Violencia Doméstica, siempre se pone el énfasis en la supuesta mayor fuerza física de los hombres. Las feministas no mencionan nunca como las mujeres son en general mejores que los hombres utilizando armas verbales. Pero el libro El sexo del cerebro, escrito por Anne Moir y David Jessel, afirma:

“Las habilidades lingüísticas referidas a la gramática, deletreo y escritura están todas ellas localizadas específicamente en el lado izquierdo del cerebro de una mujer. En un hombre se encuentran repartidas por la parte frontal y trasera de su cerebro, por lo que el tendrá que realizar un esfuerzo mayor al de una mujer para controlar estas habilidades. (pág. 45)”

También, El libro de Deborah Tannen de 1990, Tú no me entiendes, expone que las mujeres conversan más comúnmente en contextos íntimos mientras que los hombres conversan más en grupos. Según ella, esto vuelve a las mujeres más hábiles a la hora de manipular verbalmente a los hombres que a la inversa.

Yo he visto pruebas científicas de que las mujeres tienden a considerar la conversación como un fin en sí misma, mientras que los hombres tienden a hablar solo si existe una razón para ello. Similarmente, las mujeres son mayoría en las ocupaciones centradas en las personas y en el estudio de asignaturas académicas centradas en el lenguaje. También existen evidencias de que las mujeres son mejores que los hombres interpretando las emociones faciales y el lenguaje del cuerpo que los hombres. Lo cual explica porque las mujeres son más hábiles con el abuso psicológico (sobre todo las amenazas psicológicas y los juegos mentales) que los hombres.

En la propaganda feminista sobre la violencia doméstica, se centra la atención en las supuestas acciones de los hombres. Las causas por las que hacen lo que hacen (sí es que lo hacen) no se mencionan nunca. Es como si la violencia doméstica fuese la única actividad humana que sucede sin ninguna causa. De hecho, por supuesto, existen frecuentemente patrones de conducta en la “víctima” que provocan la violencia en primer lugar. Estos comportamientos provocativos constituyen un “síndrome” de la misma categoría que cualquier “síndrome de la esposa maltratada”.

 

¿Quién comete la mayor parte de la violencia?

Las feministas radicales afirman que los hombres perpetran la mayor parte de la violencia doméstica, pero, como se señalaba al comienzo de este capítulo, la evidencia refuta sus opiniones. Straus y Gelles (1986), por ejemplo, demostraban como los hombres y las mujeres cometen la misma cantidad de violencia doméstica. Moffitt, Caspi y Silva (1996) indican lo mismo. Sewell y Sewell (1997) por poner otro ejemplo, exponen estadísticas demostrando que las mujeres perpetran incluso más violencia doméstica que los hombres. 4

Las feministas falsifican y distorsionan las estadísticas sobre violencia doméstica y todo el mundo debe saber que no tienen porque confiar obligatoriamente en la ética de las investigadoras feministas. En 1997, escribí una carta al ministro de policía de mi país- alegando, entre otras cosas, que el Ministerio para los Asuntos de Mujeres había creado preguntas en un cuestionario sobre violencia doméstica para que este fuese sesgado 5. Como consecuencia de todas las contraevidencias a su postura de la mujer en el papel de víctima, las feministas han estado apuradas intentando conciliar estas investigaciones o explicarlas convincentemente de un modo que se adapte a su necesidad política de reservar el estatus de víctima para las mujeres. Tenemos un ejemplo de esta clase de razonamiento feminista en: www.vix.com/pub/men/battery/studies/lkates.html.

Las escritoras feministas que han tratado la violencia doméstica de Lenore Walker en adelante han mencionado la gran cantidad de mujeres que consideran el abuso psicológico incluso peor que el abuso físico. Este punto de vista se encuentra incluido en la legislación. He aquí la parte inicial de una definición legislativa de violencia doméstica:

Sec. 3. Significado de “Violencia doméstica”

(1) De acuerdo con esta ley, “violencia doméstica”, en relación a cualquier persona, significa violencia contra esa persona cometida por cualquier otra persona con la que esa persona está, o ha estado, en una relación doméstica.

(2) En esta sección, “violencia” significa-

(a) Abuso físico:

(b) Abuso sexual:

(c) Abuso psicológico, incluyendo, pero no limitado a,-

(i) Intimidación:

(ii) Acoso:

(iii) Daño a la propiedad:

(iv) Amenazas de abuso físico, abuso sexual, o abuso psicológico:

(v) En relación con un niño, este estilo de abuso se expone en la subsección (3) de esta sección.

 

Aquí queda claro que el daño físico real no tiene por qué producirse, así ( si esto fuese parte del derecho penal, más que del derecho de familia) que correspondería a la policía y a los tribunales el determinar cómo de serios son los pretendidos casos de Violencia Doméstica, y si la acusación y la condena están justificadas.

Y en Inglaterra, según el programa de la BBC World TV del domingo, 26 de noviembre de 1995, “la violencia doméstica” fue (y probablemente lo es todavía) definida como la violencia ejercida por un hombre sobre una mujer.6 De este modo una mujer puede/podría hacer cualquier cosa a un hombre en Inglaterra, y sería imposible considerarlo legalmente como “violencia doméstica.” Esto prueba por qué no resulta especialmente útil centrarse en las definiciones legales vigentes en ciertos momentos y en determinados lugares. También demuestra cómo de tendenciosas son las feministas extremas, que son quienes impulsan esta clase de leyes en las legislaturas de los países occidentales.

Liz Kates (www.vix.com/pub/men/battery/studies/lkates.html) afirma que el concepto feminista de abuso conyugal implica un modelo y dinámica de conducta en la que las víctimas son en un 95% mujeres. Los hechos no respaldan esto pero demuestra los perjuicios de los investigadores detrás de estas afirmaciones. Más aún, Erin Pizzey (1997) deja claro que la comunidad feminista condena al ostracismo a las mujeres que están a favor de lo que es justo.

 

¿Ciencia subjetiva?

Cualquiera que haya estudiado la historia y filosofía de la ciencia y tenga interés por los temas científicos sabe que la creación de hipótesis y teorías puede ser un proceso altamente subjetivo. A menudo requiere una considerable cantidad de tiempo, gran cantidad de pruebas y argumentaciones el aclarar la cuestión establecida entre dos teorías rivales. A pesar de que contabilizar los golpes entre los miembros de la pareja sería un procedimiento objetivamente equitativo, este rigor no es puesto en práctica por las ideólogas feministas.

A partir del hecho de que el síndrome de la mujer maltratada es una de las armas estratégicas del feminismo en la guerra de sexos, al margen de cuáles puedan ser los hallazgos de los investigadores, los medios feministas y los políticos tomarán, en su mayor parte, solamente nota de las investigaciones promovidas por los grupos de presión feministas. Los masculinistas están en buena medida superados en recursos por las feministas, que a menudo disfrutan del apoyo de los contribuyentes en los ministerios de asuntos de mujeres, los departamentos universitarios de los estudios de mujeres y organismos similares.

Así, cuando las feministas como Liz Kates dicen que los hombres no están sujetos al abuso sistemático cometido por sus esposas, hablan más desde la creencia que desde el conocimiento. Las feministas no se han molestado en lo más mínimo por las experiencias de violencia doméstica sufridas por los hombres (o por los perjuicios sufridos por éstos en cualquier otro campo), así que no tienen datos en los que basar sus afirmaciones. Quienes estudian la violencia doméstica objetivamente, como por ejemplo Gelles, llegan a la conclusión de que los hombres son realmente víctimas de esta clase de abuso- como lo son las mujeres. El “síndrome” incluirá una misma cantidad –si no mayor- de hombres cuando se ignore el género y solo se consideren otros factores. Por lo tanto, es mejor para todo el mundo que tratemos estos temas racionalmente antes de transformarlo todo en una cuestión de guerra de géneros. De esta manera podremos concentrarnos en corregir problemas en lugar de destruir familias.

 

¿Hay alguien que de un DUAM** por los hombres?

    ** N. del T: En este título Zohrab recurre a otro de sus creativos y elegantes juegos de palabras, transformando la voz damn por DUAM, al término de la expresión inglesa “to give a damn” traducible al castellano por “no dar nada que merezca la pena” o menos literalmente “importar un bledo”. Así la traducción del apartado quedaría en: “¿hay alguien que de un DUAM por los hombres?, siendo DUAM un neologismo inventado por el autor, a partir de las siglas de la sentencia “Dykismo´s Unholy Alliance with Machismo”, traducida al castellano como: “la alianza impía del dikysmo con el machismo”. Queda por conocer aún el significado del término dykismo para terminar de aclarar al lector hispanoparlante el sentido total de este juego de palabras. Dykismo deriva del término de argot inglés Dyke, que ha sido utilizado tanto en un sentido peyorativo como reivindicativo en referencia a lesbianas con una notoria apariencia varonil. Por lo tanto el Dykismo sería el movimiento social, la ideología, de las lesbianas de apariencia más masculina.

    De ahí la razón por la que el DUAM es descrito como una alianza impía, al unir circunstancialmente ni más ni menos que a los machistas con las que acostumbran a ser las feministas más radicales de todas. Sin embargo pronto se explicará porque esta alianza se produce y tiene sentido, al tener ambos grupos, tanto machistas como dykistas, una notable tendencia a sobreproteger a las mujeres y despreocuparse de los hombres, hecho que les lleva a apoyar y mantener muchas de las injusticias y parcialidades cometidas al tratar el problema de la violencia doméstica.

Existe una profundamente arraigada falta de voluntad psicológica en ambos sexos a la hora de tratar a los hombres y las mujeres equitativamente cuando se encuentran en una confrontación violenta. Parte de esto es lo que yo llamo la alianza impía del Dykismo con el Machismo***. El machismo de los hombres (por ejemplo, policías, psicólogos, abogados, jueces, etc.) hace que deseen proteger a las mujeres de los hombres, y el “dykismo” de las feministas lesbianas (que son el núcleo de fuerza del ejército para la guerra de sexos de las feministas) hace que ellas también deseen proteger a las mujeres de los hombres.

No estoy atacando aquí a las lesbianas como tales. Los hábitos sexuales de las lesbianas son una cosa, y su poder político en la guerra de sexos es otra. Ha sido una auténtica lucha para mucha gente de Occidente el ser reprogramada para comprender que la gente de razas y orientaciones sexuales diferentes no son ni inferiores ni malvadas. Sin embargo, habiendo realizado esta transición en sus patrones de pensamiento, mucha gente se corrige en exceso y se sienten incapaces de criticar a nadie de una raza u orientación sexual diferente. Esto es lo que da su poder a las feministas lesbianas.

Me gustaría dar algunos ejemplos de a lo que me refiero aquí, porque es un problema bastante serio. Mis ejemplos provienen del lado machista del DUAM, pero la misma clase de consideraciones se aplican igual de bien a la parte dykista de este fenómeno. El 19 de noviembre de 1999 fui a ver al Sr. J.J. Taylor, Coordinador de Prevención de la Violencia Familiar en las oficinas centrales de la Policía Nacional, en Wellington, Nueva Zelanda. Había pedido ver al jefe de policía, pero se determinó que el Sr. Taylor era la persona más apropiada para tratar el tema que yo quería discutir.

La razón por la que había decidido hablar con la policía sobre este tema (trabajé durante doce años en el mismo edificio que alojaba las oficinas centrales de la policía nacional) era que me había encontrado con la bibliografía Fiebert. El sumario de esta bibliografía expone:

“Esta bibliografía examina 95 investigaciones académicas, 79 estudios empíricos y 16 revisiones y/o análisis, que demuestran que las mujeres son tan agresivas físicamente, o más agresivas, que los hombres en sus relaciones con sus esposos o parejas masculinas. El tamaño de muestras totales en los estudios revisados excede de 60.000. (www.csulb.edu/~mfiebert/assault.htm)”

    *** N. del T: en Inglés Dykismo's Unholy Alliance with Machismo o por siglas DUAM.

Armado con esta evidencia incuestionable de que las feministas estaban mintiendo en lo referido a la violencia doméstica, preparé una cita. Al teléfono, él aceptó que existía una disparidad entre lo que decía la investigación académica sobre los papeles de hombres y mujeres respecto a la violencia doméstica, y lo que los medios trasmitían al respecto. Pero cambio de opinión cuando nos encontramos.

Durante la reunión, que se desarrolló en la (aparentemente vacía) cafetería más que en la sala de reuniones, mostró que creía la explicación feminista estándar para la discrepancia mostrada más arriba, y me entregó algunas estadísticas policiales y otras informaciones referidas a los arrestos por violencia doméstica. Yo le entregué una copia de la bibliografía Fiebert, entonces hablé sobre los seis asaltos en el puesto de trabajo (menores) de los que había sido víctima a lo largo de los 12 últimos años a manos de tres mujeres- justo cuatro pisos por encima de donde estábamos sentados (no mencioné el acoso sexual o la intimidación que había sufrido añadida a estos asaltos directos). Él se tapó la boca con su mano como si estuviese disimulando un esbozo de sonrisa. ¡Ciertamente, la expresión de sus ojos sugería que estaba sonriendo! Y yo debo de admitir que mi propia reacción instintiva es también la de sonreír cuando oigo hablar sobre las agresiones de mujeres contra hombres (¡de nuevo el DUAM!), pero fue significativo el observar esta reacción en alguien con su posición dentro del campo de la violencia doméstica.

Entonces me preguntó si todas las investigaciones que yo había leído mostraban que las mujeres y los hombres se golpeaban los unos a los otros con la misma frecuencia, y dije que no todas ellas. Recordé, en particular, el sondeo nacional neozelandés de víctimas de crímenes de 1996, encargado por el Comité para el estudio de las víctimas, (Victimisation Survey Committee) que incluía representantes de la Policía, el Ministerio de Asuntos de Mujeres, y otras agencias gubernamentales. Sin embargo, señalé que el cuestionario pertinente había sido amañado – posiblemente por iniciativa del Ministerio de Asuntos de Mujeres- para hacer ver que los hombres golpeaban a las mujeres más frecuentemente que la situación inversa. Más aún, Mr. Taylor no podía explicar el sesgo de las preguntas. El cuestionario (desde la tabla 2.13) no preguntaba a hombres y mujeres simplemente sí:

  1. Cualquier miembro de la pareja llegó a usar realmente la fuerza o violencia sobre ti, por ejemplo dando patadas, empujando, agarrando o golpeando deliberadamente con algo; o

  2. Cualquier miembro de la pareja amenazó alguna vez con usar la fuerza o violencia sobre ti con amenazas de dar patadas, empujar, agarrar; o

  3. Cualquier miembro de la pareja destruyó deliberadamente o amenazó con destruir tus pertenencias.

En lugar de estas cuestiones directas, el cuestionario preguntaba sí:

  1. Cualquier miembro de la pareja llegó a usar realmente la fuerza o violencia sobre ti, por ejemplo dando patadas, empujando, agarrando o golpeando deliberadamente con algo de un modo tal que pudiese llegar a herirte; y

  2. Cualquier miembro de la pareja amenazó alguna vez con usar la fuerza o violencia sobre ti con amenazas del estilo de dar patadas, agarrar o empujar de una manera que te asustase realmente; y

  3. Cualquier miembro de la pareja destruyó deliberadamente o amenazó con destruir tus pertenencias de una forma tal que te asustó.

La tendenciosidad en contra de los hombres que podrían contestar afirmativamente resulta obvia, ya que los hombres han sido socializados para minimizar el miedo y ser relativamente insensibles al dolor. Esto fue confirmado por datos procedentes de otra tabla (página 81) en ese mismo sondeo, los cuales mostraban que un porcentaje del 50.5% de mujeres, comparados con solo un 31.4% de hombres, informaban de haber sentido miedo al término de una situación en la que habían sido objeto de una ofensa violenta. Por esto los resultados de este sondeo son inservibles como evidencia de la incidencia de la violencia doméstica perpetrada por mujeres comparada con la cometida por los hombres. No se me ocurre ningún motivo para que las preguntas hayan sido amañadas de esta manera, salvo que lo hayan hecho con el propósito de hacer aparecer a las mujeres como víctimas más frecuentes de la violencia doméstica de lo que lo son los hombres. La atención se centra en la experiencia de la mujer de los acontecimientos, más que en los acontecimientos objetivamente considerados.

Entonces Mr. Taylor mencionó el otro estudio neocelandés pertinente sobre esta cuestión- "Findings About Partner Violence" (Conclusiones sobre violencia doméstica) por Moffitt, Caspi y Silva (1996), El cual demostraba lo mismo que los estudios internacionales- que las mujeres golpean a los hombres como mínimo tan a menudo como los hombres golpean a las mujeres.

Sin embargo, los feministas no son de los que se dejan superar por los simples hechos, y fue aquí donde Mr. Taylor saltó con su argumento más esclarecedor. No puedo citarlo literalmente, pero lo que dijo fue más o menos que no puedes simplemente contar los “golpes” de esa manera, y que, en un caso al que hizo referencia Moffitt (et al), la mujer había dado una patada al hombre porque éste la estaba sujetando por la garganta. Esto implicaba, por supuesto, que ella estaba actuando en legítima defensa.

Así que yo pregunté a Mr. Taylor por qué el hombre estaba sujetando a la mujer por la garganta, pero el simplemente contestó, “¡Porque la estaba agrediendo!”

Esto es precisamente a lo que me refiero con el término DUAM.- las feministas y los oficiales de policía como Mr. Taylor retroceden en la cadena de acontecimientos solo lo suficiente para establecer ( a su satisfacción ) que la mujer es la parte inocente en tales circunstancias.

Así que repetí este pequeño diálogo entre Mr. Taylor y yo al propio Mr. Taylor, y le acusé de tener perjuicios en contra de los hombres, y le dije que citaría esta conversación textualmente. ¡Entonces me acusó de citarle fuera de contexto (algo absurdo, ya que nosotros aún nos encontrábamos en el mismo contexto)! Entonces ofrecí la posibilidad de redefinir la conversación, para darle la oportunidad de aclarar lo que había dicho, pero se negó. El añadió además- Inaceptable para mí- que este tipo de perjuicios nunca tendrían efecto en un juzgado real en detrimento de ningún hombre. Pero esto es exactamente lo que estoy seguro que les sucede una y otra vez a un sin número de hombres a lo largo de todo el mundo occidental. Solo una combinación fuera de lo corriente de cliente y abogado descubriría esta clase de arbitrariedades en un juzgado. De hecho, exactamente esta clase de parcialidad fue mostrada por un tal juez Adams en un programa sobre un juzgado de familia que se emitió en la televisión de Nueva Zelanda en el 2001- para perjuicio del acceso de un hombre polinesio a su hijo (ver el capítulo sobre el sistema judicial)

Yo estaba totalmente horrorizado y a pesar de todo me sentía triunfante- aquí se encontraban las acusaciones exactas de arbitrariedades de la policía y las feministas sobre las que yo había discutido y leído en la teoría, ¡materializándose en la cabeza de la política de violencia doméstica del país en el que vivo! Unos pocos meses más tarde, después de hacer público este incidente, me llegó la noticia por un juez (el juez Carruthers, el cual estaba reuniéndose con grupos de hombres para tratar temas sobre los juzgados de familia) que Mr. Taylor había abandonado el cargo que tenía cuando yo le entrevisté.

 

Las lesbianas como activistas.

No tiene sentido negar que muchas feministas no son lesbianas, particularmente en un momento como éste, en el que el feminismo es tan preponderante en las sociedades occidentales. Pero las feministas lesbianas se encuentran todavía al frente del odio contra los hombres (misandria), y trabajan frecuentemente de un modo subrepticio, dejando que sean las fotogénicas feministas heterosexuales las que aparezcan en primer plano. Es importante no ser ingenuo sobre este punto, porque existen numerosas feministas que son lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que tener portavoces claramente hombrunas da lugar a unas malas relaciones públicas. Cualquiera que haya tenido interés en los movimientos de los refugios de mujeres y de la crisis de la violación, por ejemplo, habrá notado como han reemplazado en gran medida a sus portavoces lesbianas por mujeres aparentemente heterosexuales. Pero sería infantil pensar que las lesbianas han desaparecido de alguna manera o han sido derrocadas mediante algún tipo de golpe de estado.

No es mi intención atacar al lesbianismo como estilo de vida, como he indicado anteriormente. Ya hay demasiados hombres homófobos dentro del movimiento internacional de los hombres y los padres. Sin embargo, mi propósito aquí es dejar al desnudo una parte de lo que considero la psicohistoria del feminismo. Las lesbianas están desde luego sujetas a opresión, pero también utilizan esto para cosechar la simpatía de las comunidades políticamente correctas, como las burocracias occidentales, mientras trabajan en el negocio de diseñar la legislación antivarón. Existe diferencia entre atacar lo que hacen las lesbianas en su vida privada y atacar lo que hacen políticamente.

Ciertamente se acomoda con el interés egoísta de las lesbianas el ser feministas. Y es por parte de las lesbianas que he experimentado alguna de la más notoria intimidación física, discriminación en contra de las opiniones en defensa de los hombres, y las reacciones más extremas contra las argumentaciones antifeministas. Si sabes que la productora de un programa de noticias de la TV es lesbiana, por ejemplo, es una garantía categórica de que ella estará predispuesta en contra de los temas de hombres. Si se trata simplemente de una feminista heterosexual, la probabilidad de que sea parcial en contra de los hombres se reduce.

 

Catch-22 ****

El resultado del poder de los grupos de presión feministas y el DUAM es colocar a los hombres- a todos los hombres heterosexuales- en una situación de Catch-22 (es decir, una situación en la que se tiene todas las de perder). Si la esposa o compañera sentimental de un hombre abusa de él física o psicológicamente, él no puede responder. Sí responde, el DUAM lo arrestará y le meterá en la cárcel, el juzgado de familia impondrá una orden judicial evitando que él tenga contacto con ella, le otorgará a ella la custodia de los niños, limitará severamente su acceso a sus hijos y le dará a la mujer el derecho exclusivo de vivir en el hogar familiar. Así que si la intervención de una tercera parte no es posible o no resulta exitosa, él tiene o bien que aguantar el abuso o dejar la relación- en perjuicio de la salud emocional propia y de sus hijos y (probablemente también) de su nivel de vida. Si algo es un “síndrome”, este catch-22 lo es también.

Para dar algunos ejemplos concretos, conozco a un hombre al que su mujer le rompió las gafas, así que telefoneó a la policía pidiendo ayuda. El policía preguntó si ella le había “golpeado” o “dado un puñetazo”. El demandante rehusó contestar a esta pregunta porque no sabía que diferencia podía existir entre “dar un puñetazo” o “golpear”, y sospechaba que el policía estaba intentando únicamente desaprobarlo: Si decía “golpeado”, esperaba que el policía diría algo estúpido como, “las mujeres no pueden golpear” el agente insistió, a pesar de todo, en conseguir una respuesta a esta pregunta ¡y como no llegó ninguna respuesta colgó! Dentro del actual clima político de los países occidentales, es inconcebible que la policía trate de esta manera a una demandante femenina. Pero los hombres no tienen derechos en tales situaciones.

Un conocido me habló de otro incidente en el que, después de una disputa doméstica, el policía les entrevistó a él y a su mujer en su casa. Su esposa dijo que él la había golpeado y el policía anotó esto debidamente en su cuaderno, pero cuando él dijo que ella le había golpeado el policía no apuntó nada.

He aquí otro ejemplo: un anuncio, titulado “la violencia familiar es un crimen”, que había sido además autorizado por el presidente del gremio de jefes de policía, apareció en un periódico diario.7 En el se retrataba solamente a mujeres y niños como víctimas de estos delitos, omitiendo cualquier mención a la posibilidad de que los hombres pudiesen ser también víctimas de la violencia familiar. No solo se trata de un rotundo anuncio sexista, sino también de un testimonio escalofriante de las pocas posibilidades que tienen los hombres de ser tratados justamente por el sistema legal. La policía no tendrá la posibilidad de reducir la incidencia de la violencia doméstica mientras insistan en meter a los hombres en un rincón y tratarlos como culpables hasta que se demuestre su inocencia.

    **** N. del T: Catch 22: callejón sin salida, situación en la que se tiene todas las de perder.

Por ejemplo, en Nueva Zelanda existe una organización llamada “Victim Support” (apoyo a las víctimas) la cual, como su nombre implica, ayuda a las víctimas de violencia. Una mujer de allí atacó a un hombre por hacer repetidamente ruidosos “caballitos” con su coche en la calle situada en frente de su casa. Ella le arrojó objetos y le amenazó con un palo. Sin embargo, a pesar de que fue la mujer quien atacó al hombre, la policía intervino en su favor y la asociación Victim Support llamó para ofrecer apoyo psicológico a su familia. Más aún, cuando yo fui atacado en el exterior de un supermercado de la misma ciudad, me rompieron las gafas y recibí cortes que requirieron puntos de sutura, pero ¿llamó la asociación Victim Support? No. Evidentemente, estas organizaciones (o la policía que orienta a la gente hacía ellas) trabajan siguiendo la tácita regla de que solo las mujeres son víctimas y que los hombres pueden cuidar de si mismos.

Muchos hombres saben que no tiene sentido llamar a la policía, porque ésta se pondrá automáticamente del lado de la mujer. Es por esto que no tiene validez utilizar las estadísticas de las llamadas realizadas a la policía como indicativo del nivel de violencia doméstica ejercida por las mujeres sobre los hombres, como el antiguo Ministro de Justicia, Doug (ahora Sir Douglas) Graham hizo cuando una delegación de la asociación de hombres por la igualdad de derechos acudió a verle en 1998.

Doug Graham estaba orgulloso de su legislación contra la violencia doméstica inspirada en el feminismo y afirmaba que él no era estúpido (evidentemente tengo una reputación por pensar que las feministas son estúpidas). Así que le señalé que se estaba contradiciendo- demostrando él mismo ser estúpido, ¡al basar sus nociones sobre la culpabilidad relativa de hombres y mujeres en el tema de la violencia doméstica por el número de detenciones! Cuando se lo expliqué, él me dio la razón. Estoy seguro, sin embargo, de que sus consejeros feministas se habrán asegurado de que no haga nada basado en la fugaz revelación que tuvo ese día.

Mi impresión de que su ministerio es filofeminista se basa en incidentes como la publicación de Hitting Home (golpeando en casa). Su ministerio de justicia había planeado realizar una serie de estudios sobre la violencia doméstica:

  1. Hombres hablando sobre la violencia contra sus parejas femeninas;

  2. Mujeres hablando sobre la violencia contra sus parejas masculinas:

  3. Gente hablando sobre violencia contra sus parejas del mismo sexo.

Pero solo hicieron la primera, Hitting Home. La razón oficial fue que se les agotó el presupuesto. Esto parece sospechoso considerando el gran volumen de programas que desarrollan ese mismo tema. ¿Por qué no centrarse en la violencia femenina para variar? Porque los periodistas feministas se acoplan con las investigaciones compatibles con el feminismo y las transforman en titulares y documentales, utilizados por los políticos feministas para convertir la legislación feminista en la Ley, estoy convencido de que las feministas del ministerio de justicia detuvieron el segundo y tercer estudio porque no deseaban que el impacto del primero, un informe antivarón fuese atenuado en lo más mínimo por la publicidad referida al hecho de que las mujeres (incluidas las lesbianas) cometen violencia doméstica. Ver, por ejemplo, la página web: “"Gay and Lesbian Same-Sex Domestic Violence Bibliography" (Bibliografía sobre violencia doméstica del mismo sexo gay y lesbiana)

Y las arbitrariedades del DUAM son también un problema en los países del tercer mundo. La India, por ejemplo, ha visto la creación del “All-India Crime Against Men by Women Front” (“El frente de toda la India de crímenes contra los hombres realizados por mujeres" (Akhil Bharatiya Patni Virodhimorcha)), el cual se fundó tras el suicidio en 1988 de Naresh Anand, que no pudo soportar la tortura física y mental ejercida por su esposa. Dejó una nota pidiendo a la policía que formase un grupo especial para tratar los casos de maridos maltratados, de forma similar al ya existente grupo de crímenes contra las mujeres.

Debe tenerse todo esto en mente cuando leemos el siguiente extracto del Email de Liz Kate (en el sitio web mencionado más arriba):

“¿Quién es (en el teléfono)?” pregunta él.

Ella le ignora, murmurando apresuradamente “Ahora tengo que marcharme…”

“¡DAME ese teléfono!, grita él, ¡¿QUIÉN era ése?!

“Era alguien del trabajo.”

Él marca el retorno de llamada. No lo es. “Tu PERRA llorica y mentirosa”, grita él, y arrancando el teléfono lo arroja contra la pared. “DIME QUIÉN DEMONIOS ERA ÉSE AHORA MISMO” grita él, avanzando hacía la mujer. Él agarra un pequeño florero de cristal que le había regalado a ella su abuela y lo levanta en alto.

“Nooo ¡dame eso!” gime ella

“QUIEN DEMONIOS ESTABA AL TELÉFONO”

Ella le sujeta el brazo intentando recuperar el vaso, pero él lo mantiene fuera de su alcance.

(Ella ha comenzado la violencia, si tenemos en cuenta quién ha tocado a quién primero)

Un estrépito, el florero se rompe en mil pedazos, “cerdo”, susurra ella de un modo casi inaudible.

¡¡¡QUE HAS DICHO!!! ¡¡¡DILO DE NUEVO, PERRA!!! Grita él.

Ella se agacha en el suelo, intentando recoger las esquirlas de cristal. Él la sujeta de la parte superior del brazo, obligándola a ponerse de nuevo en pie. Ella libera su brazo, y cuando él intenta sujetarla de nuevo, le da un empujón en el antebrazo.

(Escala táctica de conflicto: Un agarre de cada parte, más un empujón de parte de ella)

“¡QUIERO SABER QUIÉN ESTABA AL TELÉFONO!” grita él, inclinándose, próximo al rostro de la mujer mientras ésta retrocede.

“Nadie”

(Escala táctica de conflicto: dos para dos. Nada aparte de una pelea justa…hasta aquí…)

En este caso resulta apropiado utilizar las mismas palabras de Liz Kate: “engañoso, y en ningún aspecto fraudulento” aplicadas a la utilización de los datos (supuestamente reales) del conflicto recién mencionado. Una parte de lo que ella intenta demostrarnos aquí es que el simple cómputo de golpes no es representativo del conjunto de la situación. Estoy de acuerdo. Pero si está intentando también (como creo que lo está) presentar a esta mujer como una indefensa víctima inocente del maltrato masculino, entonces nos está demostrando como son de unilaterales las expertas misándricas (odio contra los hombres) feministas.

Resulta bastante evidente que este hombre está siendo objeto- probablemente durante un largo período de tiempo- de un maltrato psicológico severo por parte de esta mujer. Están mintiéndole rotundamente lo cual constituye una de las formas de maltrato psicológico graves que pueden cometerse en una relación. Ella está haciendo algo que puede perjudicar su situación a sus espaldas, como mantener un romance o hacer todo lo posible para causar esta impresión.

Tras un largo periodo de tiempo, esto podría ser más que suficiente para volver a cualquier hombre “loco”-loco/furioso, o incluso loco/demente, pero el DUAM no considera el concepto del sufrimiento psicológico masculino. Su maltrato psicológico ha provocado el enfrentamiento, pero si llaman a la policía él será el arrestado. Realmente, tengo una rotunda evidencia basada en multitud de casos reales en que los hombres que denunciaron haber sido atacados por sus parejas femeninas ¡fueron investigados como casos de violencia doméstica cometida por el hombre contra la mujer! Esto prueba lo crítica que resulta la interpretación, y el escasísimo poder que tienen los hombres en los procesos legales y políticos de Occidente, cuando la mayor parte de la interpretación está siendo realizada por el feminismo radical- ¡y éste está enseñando sus interpretaciones al Sistema como un hecho indiscutible!

Murray A. Straus (1997), respondiendo a la crítica feminista de la escala táctica de conflicto, cita con aprobación la afirmación de Gelles:

“Sí bien es cierta la afirmación de que los hombres y las mujeres se agreden recíprocamente en cantidades aproximadamente iguales, no puede aceptarse sin las consideraciones de que: 1) las mujeres sufren heridas graves en una proporción siete veces superior a la de los hombres; y 2) que las mujeres son asesinadas por sus parejas en una proporción dos veces superior a la de los hombres.”

De entrada deberíamos tener en cuenta que está reiterando el hecho perjudicial para el feminismo de que los hombres y las mujeres se golpean entre sí en cantidades muy similares. Solo si esperamos que los hombres maltratados se muestren indiferentes ante los abusos que sufren, solo así- “asúmelo como un hombre” y no te defiendas- son sus otros dos argumentos verdaderamente relevantes. Pero ¿podemos aceptar de un modo razonable que los hombres acepten la rabia de una mujer maltratadora solo porque ella sea (en muchos casos) físicamente más débil? ¿No tienen los hombres el derecho a defenderse también? ¿Qué es lo que ha sucedido con el concepto de igualdad?

El hecho de que las mujeres tengan más probabilidades que los hombres de ser asesinadas por causa de la violencia doméstica debe ser investigado detalladamente y tratado con gran cuidado, no como un problema de género, sino como un problema social. Más aún, nuestra investigación debería ignorar la edad de la víctima para permitirnos pasar por alto los muchos niños varones asesinados por sus madres. (Es una triste verdad que cuando se excluye la edad como factor existe casi la misma cantidad de perpetradores de violencia doméstica masculinos y femeninos en los Estados Unidos—una siniestra igualdad.) 8

Las cantidades y proporciones actuales variarán lógicamente de un país a otro, pero es interesante leer las "Most Recent US Spousal Murder Statistics" (Estadísticas de asesinatos en la pareja en EEUU más recientes”).

Aunque se encarceló a más maridos por asesinar a sus esposas que a la inversa (156 esposas, pero 275 maridos), esto bien podría ser indicativo de una arbitrariedad legal antivarón ya que:

  1. La sentencia normal para el asesinato del cónyuge (excluidas la pena de muerte y la cadena perpetua) para hombres fue de 16.5 años, mientras que era de solo 6 años para las mujeres.

  2. Un 94% de los maridos, pero solo un 81% de las esposas, recibieron una sentencia de prisión como condena por asesinato del cónyuge;

  3. “La provocación por parte de la víctima” se utilizó como defensa en un 44% de los juicios a las esposas, pero solo en un 10% de los juicios a los maridos.Esto no significa que los maridos no fuesen provocados- significa simplemente que el DUAM hace mucho más complicado para los hombres plantear una defensa por provocación delante de los jueces y jurados.

 

¿Quién comienza la violencia doméstica?

La policía debería investigar la violencia doméstica como cualquier otro supuesto crimen, averiguando quien la comenzó para concentrarse entonces en advertir o castigar a esa persona. En la actualidad, la policía de algunos países está adiestrada para castigar automáticamente al hombre, porque se les ha dicho que solamente los hombres cometen las agresiones y que cualquier violencia ejercida por las mujeres es simplemente una respuesta al maltrato del hombre, y se supone que los varones son capaces de causar un daño superior al de las mujeres

Los hombres que son golpeados por sus esposas son tratados con desprecio o ridiculizados, así que saben que solo pueden confiar en si mismos en las disputas domésticas –la policía se pondrá siempre del lado de la mujer. En Nueva Zelanda, por ejemplo, existen tres tipos de delito por asalto con los que puede imputarse a los hombres:

  1. Asalto común;

  2. Asalto contra una mujer;

  3. Asalto agravado;

Un hombre condenado por “asalto contra una mujer” está sujeto a una pena máxima superior a la de uno condenado por asalto común. Esto supone una clara señal tanto para hombres como para mujeres de que el sistema legal es sexista y opera según un doble patrón antivarón.

 

¿Qué relevancia tiene la violencia doméstica en un juzgado de familia?

Un registro de violencia doméstica contra un miembro de la pareja (es decir, violencia entre adultos) no debería ser tomado en consideración cuando se decidan aspectos sobre la custodia y el acceso a los hijos, porque no se refiere a la misma situación. También discrimina en contra de las oportunidades de los padres de conseguir la custodia y el acceso porque la policía, como ya hemos visto, está predispuesta en contra de los hombres. Realmente, un caso de violencia doméstica podría producirse incluso cuando un padre sospecha de que su pareja está maltratando o tratando de un modo negligente a sus hijos, pero carece de las pruebas necesarias para demostrarlo en el juzgado. Puede notar que tienen mala cara, que se encuentran desganados, etc… pero los niños pueden tener miedo por las consecuencias de decir lo que su madre les ha estado haciendo. Si en un momento puntual les defiende de ella, se arriesga a perder a sus hijos dejándolos al cuidado inadecuado dado por la madre ¡que fue lo que generó el problema en un primer momento!

 

Conclusión

Las directrices feministas en materia de violencia doméstica son la política oficial en muchos países. Como la trabajadora de un refugio de mujeres lo expresaba en el periódico Contact (22 de julio de 1999), hablando sobre los cambios que había notado durante los últimos 15 años:

“Una de las cosas que más me sorprende es lo mucho que ha mejorado la actitud de la policía. Nuestro trabajo es conocido y las diferentes agencias trabajan coordinadas.”

El específico Catch-22 feminista referido a la violencia doméstica es que las mujeres tienen la razón siempre, no importa lo que hagan:

  1. Se supone que los hombres que golpean a sus mujeres lo han hecho sin sufrir provocación y sin motivos- y a partir de ahí sin excusas. Este tema nunca es planteado por las feministas.

  2. Se supone que las mujeres jamás golpean a sus maridos (este argumento nunca es considerado espontáneamente por parte de las feministas)- o, si las mujeres golpean a sus maridos, las feministas (cuando se ven obligadas a aceptar que esto sucede) adoptan la postura de que las mujeres lo hacen solo por causas justificadas.

  3. Cuando las feministas admiten que los hombres también son maltratados por las mujeres, reivindican que solo las mujeres sufren un “síndrome” como consecuencia del maltrato doméstico. Dicho de otro modo, las mujeres tienen la opción de usar el atenuante del “síndrome” a modo de defensa cuando asesinan a sus maridos.

  4. Cuando las mujeres asesinan a sus compañeros masculinos, aparece frecuentemente alguna excusa o justificación (por ejemplo, violencia doméstica ejercida por el hombre que compartía la vida con ellas).

  5. Cuando los hombres asesinan a sus compañeras femeninas, no se les permite justificarse en base al comportamiento de la mujer.

  6. Cuando las mujeres asesinan a sus compañeros masculinos, la causa es muy frecuentemente atribuida a la violencia doméstica, pero cuando los hombres asesinan a las mujeres, estos asesinatos son considerados por sí mismos como casos de violencia doméstica.

Los hombres y las mujeres de mentalidad justa deben luchar juntos contra el concepto de las mujeres “solo en defensa propia” y los hombres “solo criminales”. Las feministas han trabajado continuamente hacía la meta de que todas las mujeres sean tratadas como víctimas inocentes, no importa lo que hayan hecho- y que todos los hombres sean tratados como criminales, no importa si son inocentes.

Los perjuicios en contra de los hombres no infectan únicamente a la policía- son particularmente fuertes en los medios de comunicación, que los distribuyen a la totalidad de las sociedades occidentales. Por ejemplo, hubo una carta dirigida a la revista TIME, publicada el 20 de enero de 1997, en la que Richard M. Riffe, Ayudante del fiscal, del condado de Boone, Madison, Virginia Occidental, protestaba en contra del modo tendencioso en el que TIME escribió sobre el caso de una mujer que asesinó a su marido.9

En lo que se refiere a las actitudes públicas, aquí tenemos dos ejemplos:

  1. Un anuncio de un periódico para un espectáculo teatral llamado “Full Marx” citaba una crítica del show escrita por un tal Ralph McAllister, que finalizaba con las palabras, “Así que coge a tu familia, dale una paliza a tu marido (mi énfasis), incluso tráete al gran danés pero asegúrate de que ves Full Marx! 10

  2. Una viñeta (en francés) que fue considerada por la superior femenina del Departamento de Idiomas apropiada para ser colocada destacadamente en un muro. Esta historieta contaba la historia de una mujer que arrojó un plato con el desayuno a su marido, tras lo cual lo abandonó con el argumento de que él era vago y había pedido su desayuno en la cama. Esto es violencia doméstica, pero al haber sido cometida por una mujer, no solo fue considerada inocua, sino que incluso varios profesores decoraron el mensaje con comentarios como: “¡Muy bien!” y ¡Se lo tiene bien merecido! "(en francés).11

 

viñeta

 

Me gustaría hacer también una rápida referencia al tema del TPM (tensión premenstrual), o SPM (Síndrome premenstrual). La influencia de la TPM en la violencia doméstica necesita ser investigada. Resultaría irónico, aunque típico de las sociedades modernas, que el TPM fuese (como resulta bastante probable) una de las principales causas de abuso físico y psicológico de las mujeres sobre los hombres, el cual conduciría a que los hombres fuesen arrestados como resultado de la arbitrariedad DUAM del Sistema.

También debemos investigar las relaciones de poder. ¿Cómo influye al poder relativo de hombres y mujeres dentro de una relación el que la mujer pueda hacer y decir lo que desee, con el pleno conocimiento de que en caso de que se produzca lo peor ella se quedará con los niños, una compensación económica a cuenta del contribuyente, y por lo menos la mitad de los bienes de la pareja, mientras que él se encontrará con un acceso restringido o inexistente a sus hijos, una condena de cárcel y los pagos para la manutención de los niños? Este es el punto clave en las relaciones de pareja heterosexuales del mundo occidental.

El hombre tiene o bien que ceder ante la mujer, marcharse de la relación o correr el riesgo de que la peor de las posibilidades se haga realidad. La tasa de divorcio en los EEUU durante el año 1988 fue la cuarta entre las mayores del mundo, según datos del anuario demográfico de las Naciones Unidas. Y se han realizado estudios en este país cuyos resultados indican que los matrimonios más largos ¡son aquéllos en los que el marido siempre cede ante la esposa! Así que la campaña del feminismo radical referida al tema de la violencia doméstica debe también considerarse como una herramienta, para sustituir un sistema social basado en la familia nuclear por una sociedad matriarcal formada por madres solteras y niños sin padre.

Para profundizar más sobre este tema, ver “Femi-Fascism Flourishes,” (“el femi-fascismo florece”), por Cassandra Hewitt-Reid, en la website free radical (radicalmente libre). (www.freeradical.co.nz/content/37/37hewittreid.html).

Prólogo a la versión española

Prefacio a la Edición NZEP

Introducción: ¿Qué es el Feminismo?

Capítulo 1: Narcisismo Feminista y Poder Político.

Capítulo 2: Circuncisión contra elección

Capítulo 3: Violación: Conservando Tu Pastel a Pesar de Habértelo Comido

Capítulo 4: Mentiras sobre la violencia doméstica, un dilema sin salida para los hombres.

Capítulo 5: Falsas acusaciones y la mentira del abuso infantil

Capítulo 6: La Mentira del Sistema de Justicia Masculino

Capítulo 7: Temas laborales y la mentira de que “las mujeres pueden hacer cualquier cosa”

Capítulo 8: Las mentiras sobre la educación

Capítulo 9: Mentiras, malditas mentiras y estadísticas de las Naciones Unidas.

Capítulo 10: La mentira de la igualdad

Capítulo 11: El derecho a la elección y el aborto

Capítulo 12: El Lenguaje sexista: ¿Cree Satán que ella es varón?

Capítulo 13 : Educadoctrinamiento mediante el complejo de los medios de comunicación y la universidad

Capítulo 14: La Mentira de la representación masculina

Capítulo 15: Manifestaciones del feminismo

Notas

Referencias

FAQ

Webmaster

Peter Douglas Zohrab

Latest Update

24 March 2018

Top